Un vigilante de Megapark reduce a un ladrón que pretendía llevarse sin pagar un equipo de aire acondicionado

20 septiembre 2013

«Parece que nunca pasa nada». Pero en realidad los vigilantes de seguridad de grandes superficies y de establecimientos comerciales en núcleos urbanos se enfrentan cada día a mil y una intervenciones. A.O.R., de 35 años, es uno de ellos y en los ocho años que lleva trabajando para Prosegur ha tenido que acudir a un centenar de juicios por haber interceptado a ladrones. «Soy muy activo y me exijo mucho», dice.

La noche del pasado miércoles, cuando se encontraba en la salida de una de las grandes tiendas de Megapark, vio cómo un supuesto cliente, «algo más mayor que yo y con aspecto de drogodependiente», se iba con un gran bulto en un carro sin pasar por caja. Se trataba de un equipo de aire acondicionado valorado en unos 600 euros.

Tras comprobar sus sospechas en las imágenes de las cámaras de seguridad salió corriendo detrás de él, que empujaba un carrito, y le alcanzó en el parking. Allí le estaba esperando «un cómplice con un coche para escapar». Al ver al uniformado, el vehículo se dio a la fuga.

«Nadie ayudando»

«Le agarré y nos peleamos hasta que le reduje. Había mucha gente mirando y nadie ayudando». El empleado de seguridad pidió al público que llamaran al 112 y a su compañero. En la trifulca, se llevó algunos golpes, e incluso fue amenazado por el ladrón con una navaja, según señala la nota de prensa emitida ayer por el Departamento de Seguridad.

A.O.R. ha llegado a ser incluso arrollado por un coche que se había dado a la fuga. El conductor tuvo la desfachatez de pedirle después que le pagara los daños que le causó en el vehículo. También se ha visto «sobrepasado» al tener que enfrentarse «a tres o cuatro individuos».

El vigilante logró colocar los grilletes al presunto ladrón «porque era un peligro para sí mismo y para mí» y esperó hasta que llegó la Ertzaintza. «Fueron rápidos, pero aún así se te hace largo, porque la situación era muy tensa». Los agentes se llevaron detenido al individuo, un hombre de 43 años, acusado de robo con violencia. En estos casos, la mayoría suelen declararse «insolventes» y «las ayudas sociales son inembargables», por lo que «aunque sean condenados a una sanción económica, no la van a pagar». «Tengo más miedo yo a que me multen si me retraso en llegar a un juicio», protesta.

A.O.R. se levantó ayer «con magulladuras y un dolor en el cuello bastante majo, pero en estos tiempos que corren cualquiera se coge una baja. Ibuprofeno y a trabajar».

Fuente: El Correo

Categoría: Noticias

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