¿Es que va a tener que morir alguien para que pongan más medidas de seguridad?

8 junio 2014

Hace apenas un par de meses, un pasajero del tren Bilbao-Orduña propinaba un puñetazo en la cara a un interventor de Renfe que le pidió que bajara los pies del asiento. El trabajador tuvo que ser atendido en el ambulatorio de Amurrio después de que el agresor, que esperó a que llegaran a la estación para golpearle, la tomara con él. No fue la primera vez, ni la última. El año pasado, un vigilante de seguridad fue víctima de una «brutal agresión» en la estación de Zabalburu –uno de los «puntos calientes» o conflictivos, según describen los afectados–. El empleado había recriminado a un viajero que saltó las máquinas canceladoras de acceso a la estación, y éste reaccionó dándole una paliza por la que tuvo que ser hospitalizado. Tenía golpes por todo el cuerpo y un par de vértebras rotas. El agresor fue detenido por la Ertzaintza poco después en la misma estación.

«¿Es que va a tener que morir un interventor, un vigilante o un viajero para que pongan más medidas de seguridad? Nosotros estamos vendidos, desmotivados, y ya nos da igual todo», sentencia Mikel, interventor en Renfe cercanías desde hace más de dos décadas. Prefiere no revelar su verdadero nombre: hace dos años, un grupo de chavales intentó colarse en su tren y recibió una paliza por llamarles la atención. Sus compañeros no son tan contundentes –la mayoría prefiere no hablar–, pero reconocen que existe un problema que necesita ser atajado «con urgencia». Reclaman que Renfe les haga caso, con «tres agresiones fuertes en el último año»; una cifra que, aseguran, «no se ajusta a la realidad: a diario sufrimos muchísimo».

José Ángel de Castro, presidente del comité de empresa del grupo Renfe y representante de UGT, atribuye esta situación a «los recortes y la inadecuada gestión de recursos» de la compañía. En 2005 se firmó un protocolo de seguridad entre la empresa y el comité «para que los trenes nocturnos incorporasen guardias jurados durante todo el recorrido», además de dos brigadas itinerantes de cuatro personas.

Aseguran que desde 2011 y «a raíz de una serie de incidentes, han empezado a incumplirse los acuerdos, con reducción de personal, y desde la empresa no nos dicen nada». Los implicados han abierto una comisión de conflictos para intentar solucionarlo. «Todos esos problemas que se derivan del cumplimiento de nuestro trabajo y se han agravado con la crisis, porque cada vez más pasajeros circulan sin billete», revelan.

«Las horas no se cubren»

El colectivo de interventores está formado por 29 trabajadores –hace diez años eran 83–. Por aquella época iban acompañados de dos guardias de seguridad y otras dos parejas en coche, patrullas de apoyo. «Antes había más por cada tren. Hemos pasado de cuatro vigilantes en los trenes nocturnos a dos, y de una pareja itinerante a una persona, que cuando tiene que identificar a un sospechoso se queda sola con él, por lo que el tren viaja sin seguridad», explican. Reclaman que la Ertzaintza, «al igual que patrulla por el metro», también lo haga con ellos, «aunque sea para disuadir a los criminales. Pero no hemos conseguido nada».

Iosu, compañero de Mikel –también prefiere permanecer en el anonimato –, asegura que el tren está en servicio 19 horas, pero sólo 16 cuentan con seguridad. «Hay tres horas a lo largo de la jornada que no se cubren. Los vigilantes hacen dos turnos de 8 horas, cuando el servicio es de 19, de cinco de la mañana a doce de la noche». Es claramente insuficiente –valora–. Entre que llamas –si hay cobertura– y te localizan ya ha pasado media hora y el problema se ha resuelto, para bien o para mal: o te ha montado el follón, o te ha agredido, o ha escapado».

Entienden que «la seguridad total no existe. Tampoco queremos que venga una pareja en cada tren, pero qué menos que lo mínimo. Necesitamos que en un alto porcentaje de las situaciones conflictivas, que son bastantes, estén cerca. Porque existe riesgo también para los viajeros –indica Iosu–. No hay suficientes quejas porque la gente no dice nada, hemos vividos tantas situaciones sin respaldo, sabiendo que es imposible, que tratamos de evitar problemas y ya está». La seguridad de un trabajador o de un viajero de transporte público, dice De Castro, «es lo primero. No se trata de cuántas agresiones se producen, sino del clima de inseguridad que existe», matiza el representante del comité.

Desde Renfe aseguran que «no se han llevado a cabo recortes en materia de seguridad» y señalan que «en las encuestas de calidad de los clientes, la seguridad en los trenes es uno de los aspectos mejor valorados».

Fuente: ElCorreo

Categoría: Noticias

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