Los datos oficiales muestran que la respuesta es bastante más compleja
En los últimos días se ha difundido una información según la cual los vigilantes de seguridad habrían ganado aproximadamente un 15,5 % de poder adquisitivo desde el año 2000.
Una cifra así resulta llamativa. Pero antes de sacar conclusiones conviene hacerse una pregunta muy sencilla:
¿Qué entendemos por ganar poder adquisitivo?
Porque una cosa es comparar el salario con el IPC general y otra comprobar cuánto han subido durante estos años gastos tan cotidianos como los alimentos, la vivienda, la electricidad, el gas o el transporte.
Desde CISPE hemos querido acudir a las fuentes oficiales: las tablas salariales publicadas en el BOE y los datos de precios del INE.
Y el resultado necesita bastantes más explicaciones que un simple «+15,5 %».
Empecemos por el salario
Para poder comparar también diferentes grupos de precios utilizamos 2002-2025, ya que las series retrospectivas actuales del INE permiten realizar desde 2002 una comparación homogénea por grupos de gasto.
Según las tablas publicadas en el BOE, la referencia mensual de tabla utilizada para esta comparación pasó de aproximadamente:
823,04 € en 2002 → 1.393,64 € en 2025
Es decir, el incremento nominal fue aproximadamente del 69,3 %.
Hasta aquí no estamos hablando todavía de poder adquisitivo. Simplemente estamos diciendo cuánto aumentó esa referencia salarial.
La pregunta verdaderamente importante es:
¿Cuánto subieron las cosas que tenemos que pagar con ese salario?
Ahí los datos empiezan a contar una historia diferente.
Salario +69 %. Alimentos: casi +97 %
Tomando las series oficiales de precios y comparando 2002 con 2025, obtenemos aproximadamente:
| Evolución 2002-2025 | Incremento |
|---|---|
| Salario convencional del Vigilante | +69,3 % |
| IPC general | +66,7 % |
| Alimentos y bebidas no alcohólicas | +96,9 % |
| Vivienda, agua, electricidad, gas y combustibles | +90,1 % |
| Enseñanza | +84,2 % |
| Transporte | +72,7 % |
| Restaurantes y alojamiento | +89,4 % |
En resumen: salario +69,3 % / alimentos +96,9 % / vivienda y energía +90,1 %
Y aquí está la clave.
Si únicamente enfrentamos el salario con el IPC general, en este período concreto el salario prácticamente mantiene su capacidad adquisitiva e incluso presenta una pequeña mejora real.
Pero eso no significa que pueda comprarse un 15,5 % más de todo.
Ni mucho menos.
El trabajador no va al supermercado a comprar «IPC»
Este es probablemente el ejemplo más fácil de entender.
En 2002, nuestra referencia salarial es de 823,04 € mensuales.
Si esa cantidad hubiera evolucionado exactamente al mismo ritmo que los alimentos, en 2025 tendría que situarse aproximadamente en:
1.620 €
Sin embargo, nuestra referencia salarial convencional de 2025 es de aproximadamente:
1.394 €
Por tanto, frente a los alimentos la capacidad de compra habría disminuido aproximadamente un 14 %.
Con el grupo que incluye vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles ocurre algo parecido: la pérdida relativa de capacidad de compra ronda el 11 %.
Esto no significa que al trabajador se le adeuden esos porcentajes ni esas diferencias. Estamos hablando exclusivamente de capacidad adquisitiva, no de cantidades salariales reclamables.
Entonces, ¿es falso decir que se ha ganado poder adquisitivo?
Hay que ser rigurosos: no necesariamente.
Y precisamente por eso desde CISPE no queremos sustituir una simplificación por otra.
El IPC general es el indicador oficial utilizado para medir la evolución general de los precios. Comparar salarios con ese índice es perfectamente legítimo.
El problema aparece cuando el resultado se presenta sin explicar suficientemente qué significa y qué no significa.
Una persona puede mejorar ligeramente su poder adquisitivo respecto al IPC general y, al mismo tiempo, haber perdido capacidad para comprar alimentos o afrontar determinados gastos relacionados con vivienda y energía.
Ambas cosas pueden suceder simultáneamente.
Un ejemplo muy sencillo
Imaginemos que nuestro salario pasa de 100 a 170.
Parece una subida enorme: un 70 %.
Pero imaginemos ahora que durante ese mismo tiempo:
- el conjunto general de precios pasa de 100 a 167;
- los alimentos pasan de 100 a 197;
- vivienda y energía pasan de 100 a 190.
¿Qué ha ocurrido?
Frente a la cesta general prácticamente hemos mantenido nuestra posición.
Pero podemos comprar menos alimentos con nuestro salario que antes.
Eso es precisamente lo que una única cifra agregada puede ocultar.
Hay otra cuestión: ¿qué ocurrió durante todos los años intermedios?
Existe además un segundo problema cuando comparamos solamente:
Año 2000 → Año 2025.
Entre ambas fechas hay 25 años.
Un trabajador puede terminar el período ligeramente por encima del punto inicial después de haber soportado durante años importantes pérdidas de poder adquisitivo.
Por eso comparar únicamente el principio y el final no nos cuenta toda la historia.
Para conocer realmente la evolución salarial de los vigilantes hay que observar año a año:
salarios + IPC general + alimentos + vivienda y energía + otros gastos esenciales.
Sólo entonces podremos saber cuándo se perdió poder adquisitivo, cuánto se perdió y cuándo se recuperó.
No discutamos eslóganes. Miremos los datos.
Desde CISPE creemos que el debate salarial del sector merece algo más que una cifra llamativa.
Decir que un vigilante ha ganado aproximadamente un 15,5 % de poder adquisitivo puede transmitir al trabajador la impresión de que hoy dispone de un 15,5 % más de capacidad económica para afrontar su vida cotidiana.
Los datos desagregados no permiten hacer una interpretación tan sencilla.
Entre 2002 y 2025, la referencia salarial convencional estudiada aumentó aproximadamente un 69 %.
Durante ese mismo período:
los alimentos aumentaron cerca del 97 % y el grupo de vivienda, agua, electricidad, gas y combustibles alrededor del 90 %.
Esa diferencia también forma parte de la realidad económica de los vigilantes.
La pregunta correcta
Por eso desde CISPE proponemos cambiar la pregunta.
No preguntarnos solamente:
«¿Cuánto ha subido nuestro salario?»
Sino:
«¿Qué podíamos comprar con nuestro salario entonces y qué podemos comprar con él ahora?»
Porque subir el salario no es lo mismo que mejorar el nivel de vida.
Y detrás de cada porcentaje hay trabajadores que pagan una vivienda, llenan una cesta de la compra, encienden la calefacción, utilizan transporte y mantienen a sus familias.
En CISPE seguiremos poniendo números a esa realidad.
Próximamente publicaremos la evolución año por año para comprobar cuándo ganaron y cuándo perdieron realmente poder adquisitivo los vigilantes de seguridad.
Fuentes: Instituto Nacional de Estadística (IPC y evolución por grupos de gasto) y Boletín Oficial del Estado (tablas salariales del Convenio Estatal de Empresas de Seguridad). Los porcentajes se han redondeado para facilitar su lectura.






