«Parece que nunca pasa nada». Pero en realidad los vigilantes de seguridad de grandes superficies y de establecimientos comerciales en núcleos urbanos se enfrentan cada día a mil y una intervenciones. A.O.R., de 35 años, es uno de ellos y en los ocho años que lleva trabajando para Prosegur ha tenido que acudir a un centenar de juicios por haber interceptado a ladrones. «Soy muy activo y me exijo mucho», dice.
La noche del pasado miércoles, cuando se encontraba en la salida de una de las grandes tiendas de Megapark, vio cómo un supuesto cliente, «algo más mayor que yo y con aspecto de drogodependiente», se iba con un gran bulto en un carro sin pasar por caja. Se trataba de un equipo de aire acondicionado valorado en unos 600 euros.
Tras comprobar sus sospechas en las imágenes de las cámaras de seguridad salió corriendo detrás de él, que empujaba un carrito, y le alcanzó en el parking. Allí le estaba esperando «un cómplice con un coche para escapar». Al ver al uniformado, el vehículo se dio a la fuga.


