Poder adquisitivo: salarios y precios 2002-2025

25 Sep 2026

Analizamos año a año la evolución del salario del Vigilante de Seguridad y la comparamos con el IPC, los alimentos y los gastos de vivienda y energía

Hace unos días publicamos en CISPE una pregunta aparentemente sencilla:

¿Han ganado realmente los vigilantes de seguridad un 15,5 % de poder adquisitivo?

Nuestra conclusión fue que una comparación entre salarios e IPC general puede ofrecer un determinado resultado matemático, pero ese resultado, por sí solo, no explica completamente cómo ha evolucionado la economía cotidiana de un trabajador.

Hoy damos un paso más. En lugar de comparar únicamente el principio y el final del período, vamos a observar qué ocurrió durante los años que hay entre ambos. Porque un vigilante no vive solamente en 2002 y en 2025.

Ha tenido que vivir, comprar alimentos, pagar suministros y desplazarse a trabajar todos y cada uno de los años intermedios.

Y cuando los observamos, la historia se vuelve bastante más interesante.

¿Por qué empezamos en 2002?

Para esta comparación utilizamos 2002 como año de referencia.

La razón no es arbitraria. El Instituto Nacional de Estadística dispone actualmente de series retrospectivas de IPC adaptadas a la clasificación vigente que permiten realizar desde 2002 una comparación homogénea de grupos de gasto como alimentos, transporte o vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles.

Además, las tablas salariales del Convenio Estatal de Empresas de Seguridad publicadas en el BOE permiten reconstruir la evolución de la referencia salarial convencional del Vigilante de Seguridad.

Así podemos colocar salarios y precios en una misma línea de salida. 2002 = 100

Para facilitar la lectura hemos convertido todas las series en índices.

En 2002:

Salario del Vigilante = 100

IPC general = 100

Alimentos = 100

Vivienda y energía = 100

A partir de ahí observamos cómo evoluciona cada indicador.

Si una serie pasa de 100 a 120, significa que ha aumentado un 20 %.

Si el salario llega a 120 pero los alimentos llegan a 130, el trabajador cobra nominalmente más, pero su salario ha aumentado menos que el precio de los alimentos.

Eso es precisamente lo que queremos medir. No solamente cuánto ha subido el salario. Sino qué ha ocurrido con las cosas que ese salario permite comprar.

La gráfica que cuenta la historia completa

Cuando colocamos las cuatro series sobre una misma gráfica aparece algo que una comparación entre dos únicos años no puede mostrar:

  • Las líneas no avanzan juntas.
  • Hay etapas en las que los salarios recuperan terreno.
  • Hay períodos en los que los precios crecen lentamente.
  • Y hay otros en los que determinados gastos esenciales se separan claramente de la evolución salarial.

Eso significa que hablar del poder adquisitivo como si hubiera evolucionado de manera uniforme durante más de dos décadas puede llevar a una conclusión demasiado simple.

Cobrar más no significa necesariamente poder comprar más

Esta diferencia es fundamental.

Supongamos que en un determinado año el salario aumenta un 2 %. Puede parecer una buena noticia, pero si durante ese mismo período los precios aumentan un 4 %, el trabajador tiene más euros en su nómina y, sin embargo, esos euros compran menos.

También puede ocurrir lo contrario. Si los salarios crecen por encima de los precios, existe recuperación de capacidad adquisitiva. Por eso en este análisis no queremos ocultar ninguno de los dos escenarios.

  1. Cuando el salario gana terreno, lo mostramos.
  2. Cuando lo pierde, también.

El problema de mirar solamente el principio y el final

Pensemos en un ejemplo sencillo.

Un trabajador empieza con un poder adquisitivo equivalente a 100.

Durante los años siguientes pasa por: 98, 96, 94, 91, 93, 96, 99… y finalmente termina en 102.

Si únicamente comparamos el primer y el último dato podríamos decir «Ha ganado un 2 % de poder adquisitivo».

La afirmación podría ser matemáticamente correcta, pero faltaría una información bastante importante, ese trabajador pasó numerosos años con una capacidad de compra inferior a la que tenía inicialmente.

Ése es el motivo por el que una comparación entre dos fechas no explica necesariamente la experiencia económica de todo el período.

Y entonces llegó la inflación de los últimos años

Hay un tramo especialmente importante.

Entre enero de 2020 y diciembre de 2025, según el INE, los alimentos y bebidas no alcohólicas aumentaron un 37,7 %. Los restaurantes y servicios de alojamiento, un 28,3 %. El grupo de vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles, un 24,5 % y el transporte, un 16,3 %.

No todos los precios evolucionaron igual.

Y precisamente ahí encontramos una de las claves de todo este debate.

El trabajador no compra IPC

Ya lo dijimos en nuestro anterior análisis y merece la pena repetirlo:

El trabajador no va al supermercado a comprar IPC.

El IPC es un indicador estadístico imprescindible.

Agrupa cientos de productos y servicios y permite medir la evolución general de los precios.

Pero una familia no distribuye necesariamente su salario exactamente igual que la cesta estadística utilizada para construir el índice.

  • El trabajador compra comida.
  • Paga electricidad.
  • Paga gas.
  • Necesita vivienda.
  • Utiliza transporte.
  • Compra ropa.
  • Mantiene una familia.

Y cuando algunos de esos componentes aumentan considerablemente más que el promedio, la experiencia económica de ese hogar puede ser muy diferente de la que sugiere el índice general.

Los datos finales ayudan a entenderlo

Tomando como referencia la comparación utilizada en nuestro estudio anterior, entre 2002 y 2025 la referencia salarial convencional del Vigilante de Seguridad aumentó aproximadamente un +69 %

Durante ese mismo período, nuestra comparación con las series oficiales arroja:

  • IPC general: +67 %
  • Alimentos y bebidas no alcohólicas: +97 %
  • Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles: +90 %

La conclusión cambia dependiendo de qué comparemos. Frente al IPC general, la referencia salarial prácticamente conserva su posición e incluso presenta una pequeña diferencia positiva.

  • Frente a los alimentos, no.
  • Frente al grupo de vivienda y energía, tampoco.

Y las tres afirmaciones pueden ser ciertas al mismo tiempo.

Veámoslo de otra manera

Esta segunda gráfica explica probablemente mejor que cualquier discurso el problema de resumir toda la evolución económica mediante una única cifra.

El salario ha aumentado. Eso es indiscutible. Pero determinados gastos esenciales han aumentado bastante más.

¿Cuánto tendría que ser el salario para comprar los mismos alimentos?

Podemos realizar otro ejercicio.

La referencia mensual convencional utilizada para el Vigilante de Seguridad en 2002 era aproximadamente 823 euros.

En 2025 se sitúa aproximadamente en 1.394 euros. Es una subida nominal importante.

Pero imaginemos que aquellos 823 euros hubieran aumentado exactamente al mismo ritmo que los alimentos.

La referencia equivalente en 2025 estaría alrededor de 1.620 euros mensuales.

Si hacemos el mismo ejercicio utilizando el grupo de vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles, obtendríamos aproximadamente 1.565 euros mensuales.

La referencia convencional utilizada en nuestra comparación se encuentra en aproximadamente 1.394 euros.

Es importante explicar qué significan estas cantidades.

No son salarios que una empresa deba al trabajador, no son atrasos. No son una reclamación salarial.

Son simplemente una forma de responder a una pregunta:

¿Cuánto tendría que haber aumentado aquella referencia de 2002 para conservar exactamente la misma capacidad de compra frente a esos grupos de gasto?

Una diferencia que puede superar los 200 euros al mes

Aplicando ese ejercicio exclusivamente a los alimentos, la diferencia entre la referencia salarial de 2025 y la cantidad equivalente necesaria para conservar la capacidad de compra de 2002 ronda los 226 euros mensuales.

En vivienda y energía, la diferencia ronda 171 euros mensuales.

De nuevo: no hablamos de dinero jurídicamente adeudado. Hablamos de capacidad adquisitiva equivalente.

Y precisamente por eso creemos que estos números ayudan a comprender mejor la diferencia entre salario nominal y nivel de vida.

Entonces, ¿es incorrecto decir que los vigilantes han ganado poder adquisitivo?

No necesariamente. Depende de la comparación que se esté realizando.

Si alguien compara dos salarios de momentos distintos y los corrige utilizando exclusivamente el IPC general, puede obtener una determinada ganancia real.

El problema aparece cuando ese resultado se presenta como si describiera por sí solo todo lo ocurrido con la economía del trabajador durante más de veinte años.

Los datos muestran una realidad más compleja.

  • Hay períodos de pérdida.
  • Hay períodos de recuperación.
  • Hay productos cuyos precios evolucionan por debajo del promedio.
  • Y hay gastos esenciales que aumentan considerablemente por encima.

Por eso la pregunta correcta no debería ser únicamente:

«¿Cuánto ha subido el salario?»

También debemos preguntar: «¿Cuánto ha subido lo que necesitamos comprar con ese salario?»

Esto tampoco es la nómina individual de cada vigilante

Nuestro análisis utiliza como referencia las tablas salariales del Convenio Estatal de Empresas de Seguridad publicadas en el BOE.

Eso no significa que todos los vigilantes hayan cobrado exactamente esas cantidades. Una nómina individual puede incorporar antigüedad, nocturnidad, festivos, peligrosidad funcional, horas extraordinarias y otros conceptos.

Nuestro objetivo es diferente. Necesitamos una referencia convencional común que permita comparar más de veinte años utilizando el mismo criterio.

Por eso hablamos de referencia salarial de tabla y no de la nómina real de todos los trabajadores.

Los datos no necesitan eslóganes

En CISPE creemos que existe una forma muy sencilla de abordar este debate.

  • Publicar los datos.
  • Explicar cómo se han calculado.
  • Indicar de dónde proceden.

Y permitir que cada trabajador saque sus propias conclusiones.

Si durante determinados años el salario ganó terreno frente a los precios, debe aparecer en la gráfica. Si durante otros lo perdió, también.

Porque nuestro objetivo no debería ser encontrar el porcentaje que mejor encaje en un titular.

Debería ser comprender qué ha ocurrido realmente.

Después de 23 años, la pregunta sigue siendo la misma

Los vigilantes de seguridad cobramos hoy más euros que en 2002.

Eso nadie lo discute, pero ésa no es toda la pregunta, la pregunta realmente importante es:

¿Cuánto podemos comprar hoy con nuestro trabajo?

¿Cuánta alimentación?

¿Cuánta electricidad?

¿Cuánto combustible?

¿Cuánta vivienda?

Porque aumentar el salario y mejorar el nivel de vida son dos cosas relacionadas. Pero no son exactamente la misma cosa.

Y si queremos hablar seriamente de poder adquisitivo, necesitamos mirar ambas.

En CISPE seguiremos haciéndolo con una regla muy sencilla:

Datos oficiales, metodología explicada y números que cualquier trabajador pueda comprobar.


Fuentes y metodología: Elaboración de CISPE a partir de las tablas salariales del Convenio Colectivo Estatal de las Empresas de Seguridad publicadas en el Boletín Oficial del Estado y de las series oficiales del Índice de Precios de Consumo del Instituto Nacional de Estadística.

Para facilitar la comparación de las series se utiliza 2002 como referencia = 100. Las cantidades salariales utilizadas constituyen referencias convencionales y no representan necesariamente la nómina individual de cada trabajador.

Las equivalencias económicas relativas a alimentos o vivienda y energía representan ejercicios de capacidad de compra y no constituyen cantidades salariales adeudadas ni reclamaciones de diferencias retributivas.

Las cifras mostradas se presentan redondeadas para facilitar su comprensión.

Categoría: Noticias

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